
Sin duda alguna, los salvadoreños estamos viviendo momentos históricos. Por primera vez desde el nacimiento de la República de El Salvador, un partido nominalmente de izquierda ha ganado las elecciones para asumir la dirección del poder ejecutivo. Un 51.3% de la población decidió que se necesita un cambio en la conducción de la administración pública, mientras que un 48.7% votó por la opción del continuismo.

La estrategia de la izquierda se convirtió en la invitación al electorado a ser parte de una relación simbiótica con el fmln y Mauricio Funes de la cual los participantes sacarían el mejor provecho. Las principales fuerzas de esta simbiosis fueron:
a) El fmln necesita de Funes para evadir la tradicional campaña de terror y miedo, en la cual se evoca la participación de sus principales dirigentes en la pasada guerra civil, principal arma con que ARENA los ha derrotado en las 4 campañas pasadas.
b) Mauricio Funes, con su carisma, popularidad y reputación, capaz de convencer a los indecisos, necesita de la organización política y la base electoral del fmln para superar a ARENA.
c) El electorado, ansioso del cambio, necesita de un candidato ganador y un partido político que represente sus aspiraciones y sea capaz de impulsarlas.
En sus inicios, la campaña tuvo sus máximas expresiones en la convocatoria a grandes masas de militantes, en lo cual el fmln marcó el paso con la proclamación de su candidato el 11 de noviembre de 2007 en el estadio Cuscatlán, la estructura con mayor capacidad para este tipo de concentraciones en el país. ARENA se vio en obligada a emular la acción, y también allí presentó a su fórmula presidencial formada por el Ing. Rodrigo Ávila y el Ing. Zabhla, el primero surgido de un cuestionable mecanismo de selección impuesto por Tony Saca, que algunos hasta lo compararon con un reality show; el segundo llegó a la candidatura después de un libro y entrevistas televisivas a montón, en las cuales abiertamente propugnaba por la salida de ARENA del poder, como primer paso para dirigir al país hacia un nuevo norte; también tuvo un flirteo con la izquierda moderada y con el mismo fmln para formar un bloque del cual él sería el candidato a presidente. En realidad los candidatos de ARENA tuvieron un comportamiento, en el pasado inmediato a la elección, que lindó entre la improvisación, el oportunismo y hasta lo bufo.
Definidas las “fórmulas” de los principales contendientes, la campaña comenzó mucho antes de lo legalmente establecido. Apareció la campaña ilegal y sucia, principalmente por parte del partido oficial, que haciendo uso de una matonería institucional, cobijada bajo la alcahuetería del Tribunal Supremo Electoral, propició la participación de funcionarios de gobierno, encabezados por el Presidente de la República, y el uso recursos del estado en la campaña electoral. También entraron al escenario las organizaciones cuasi fantasmas como el Frente Femenino Salvadoreño, Fuerza Solidaria, etc. Lo mismo hicieron los extranjeros, que en abierta violación a las leyes nacionales, de nuevo desfilaron ante los medios de comunicación con sus advertencias, que más bien eran justificaciones de las derrotas que la derecha ha sufrido en Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros países del sur que han emprendido, desde hace más de una década, un gobierno diferente, más democrático, preocupados por las grandes mayorías y no por grupos oligárquicos. Los medios de comunicación tradicionales de nuevo mantuvieron la parcialidad vergonzante a favor de ARENA que les ha caracterizado hasta el propio día de la votación; este tema está tan claro para cualquier salvadoreño que toda opinión al respecto resulta una perogrullada.
En las dos o tres semanas previas a la votación se dieron varios hechos que fijaron en la mente del votante la bandera del partido político que marcarían el 15 de marzo.
El primero fue la declinación de Ávila a participar en un debate promovido por la cadena CNN en español, con el burdo argumento de que ésta favorecería a Funes debido a su condición de antiguo corresponsal. El segundo hecho fueron las entrevistas hechas por Jorge Ramos de Univisión a cada uno de los candidatos; mientras Funes contestó con firmeza y claridad, Ávila de nuevo se descompuso, primero cuando Ramos dibujó la contienda electoral entre policías y periodistas y después, cuando le preguntó si había faltado al segundo mandamiento de la ley de Moisés de “No Matarás”. Ambos episodios mostraron la capacidad oratoria y claridad de pensamiento de Funes ante la alocución farfullada y la mente farragosa de Ávila. El tercer hecho fue un traspié para el fmln, uno de los bancos del sistema, o la fiscalía, filtró a la prensa el préstamo millonario que el empresario Nicolás Salume hizo a Funes para financiar su campaña. A pesar de la grave amenaza que esto representa a la independencia de la actuación de Funes como presidente, el enamoramiento entre la población y el candidato del fmln hizo ver el hecho como otro golpe bajo de la derecha a su candidatura. Sin embargo, una cosa está clara: para bien o para mal, Funes no es el candidato exclusivo de los pobres de El Salvador. El cuarto hecho fue la publicitada adhesión de miembros prominentes del resto de partidos políticos a las fórmulas participantes. En un acto de madurez y dignidad política, las bases de los partidos políticos del PCN, PDC, FDR y otras agrupaciones, ignoraron completamente los pactos de sus respectivas cúpulas. De nuevo el fmln gano el pulso, logró adhesiones de políticos reconocidos y con prestigio ante la población, como Héctor Dada, Héctor Silva, la ex-rectora de la UES; por su parte, ARENA se adhirió políticos, con un dejo de revanchismo contra el fmln, como Julio Hernández, René Canjura, y el que resultó ser el fiasco de la votación, Will Salgado, a quién la población de San Miguel, por fin le dio la espalda y se vislumbra una conciencia general de los migueleños de que la principal ciudad de la zona oriental, merece algo más que carnavales de “choto”.
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